jueves, 16 de octubre de 2008

EL NIÑO CON EL PIJAMA DE RAYAS



Antes de nada, me gustaría advertir que si no has visto esta película o no has leído el libro no sigas leyendo esto, ya que aquí voy a desvelar el final; y no lo hago con ánimo de chafárselo a nadie sino porque lo que más huella me ha dejado de esta historia ha sido precisamente eso, su final. Su final y la sensación que ha dejado en mí, y de ahí que sea requisito imprescindible hablar de ello.
Hace un par de semanas, y por casualidad, empecé a leer este libro de título y portada tan original. Digo que fue de casualidad porque normalmente no me dejo llevar por los best seller del momento para iniciar mis escasas lecturas, pero por razones que no vienen al caso explicar aquí, llegó a mis manos esta novela y comencé a leerla. Disfruté con su lectura ya que fue muy ligera y rápida, pero no tanto con su contenido. En mi opinión, el libro deja entrever demasiados desajustes entre la visión del autor y la que daría un niño real de ocho años. A veces la ingenuidad del pequeño Bruno es demasiado artificial y otras veces el niño hace uso de un lenguaje que incluso a su propia madre le resultaría difícil de descifrar. En resumen, que no quedé demasiado satisfecha ni encantada con la lectura, sin embargo, tenía ganas de ver la peli, y la verdad, no me defraudó.
La cinta me permitió ir más allá del libro, y valorar la idea del autor más allá de sus “desajustes” literarios. También es cierto que en la película la visión del niño y su desarrollo fluye mucho mejor que en el libro y resulta mucho más creíble, lo que me permitió sumergirme de pleno en la historia y disfrutarla sin ningún tipo de distracción.
Me parece que la idea sencilla, sin demasiada documentación histórica ni artificios, de John Boyne es genialmente original para contar un asunto tan complicado y tantas veces tratado como es el del holocausto nazi. Él ha conseguido algo tan difícil como es contar algo ya sabido de una manera que nadie antes había utilizado, a excepción de Ana Frank que también aporta la visión de una niña, pero que creo trata el asunto de una perspectiva diferente, ya que Boyne habla del holocausto, de la vida en el campo de Auschwitz, de los judíos, de los alemanes… desde dentro.
Dejando a un lado mis “críticas” literarias y cinematográficas, me gustaría comentar las sensaciones que causaron en mí la película, que era de lo que precisamente quería escribir.
El amargo final del largometraje, dejó en mí una tristeza y desolación que sólo se correspondían con la pérdida del pequeño de ojos azules. Va a parecer cruel, pero parece ser que la predecible muerte del encantador Shmuel ya estaba totalmente asimilada por mis emociones.
Me sorprendí a mí misma, y me dio miedo mi tolerancia y comprensión hacia la muerte. ¿Cómo fui capaz de “asimilar” con tanta normalidad el final de ciertas personas sólo porque muchas veces antes había oído hablar de ello o me habían explicado que eso sucedió así a esas personas? Puede parecer inhumano, pero hasta en la muerte la excepción, la novedad, lo raro, es lo que nos hace reaccionar, y lo demás, lo que desde siempre nos han contado, lo que ya nos parece hasta “normal”, es lo que nos hace percatarnos y darnos cuenta del hecho en sí e incluso sentirlo, y sufrirlo de más cerca.
Será por eso que nuestra sensibilidad se acostumbra a las cosas malas que les pasan a los demás, o “a los de siempre” debido al bombardeo constante de lo mismo. Será por eso que nuestros sentidos se despiertan cuando el esquema que siempre nos han repetido se ve alterado. Será por eso que me avergüenzo, me doy miedo de mí misma y del ser humano al sentir más la muerte de Bruno. Será por eso que desde el principio de la película asumimos con naturalidad el injusto destino que le espera a Shmuel, pero te da un vuelvo al corazón y el estómago se te retuerce cuando le ocurre lo mismo a Bruno. Será por eso que necesitamos la desgracia ajena en un igual con el que nos identificamos para ser capaces de reflexionar sobre el sufrimiento que nos cuentan.

Sara G. Cortijo

1 comentarios:

Anonymous Anónimo ha dicho...

!!Que bien escribes¡¡,siempre te lo he dicho,me admira tu capacidad para expresar lo que piensas o sientes, con gran soltura y fluidez.
Te admiro y te quiero,y me siento orgullosa de ser la hermana de la madre que te pario. Animo, sigue escribiendo en este blog,que lo haces inmejorablemente, aqui tienes una admiradora que te sigue fielmente. Un beso

8 de noviembre de 2008, 1:32  

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