jueves, 16 de octubre de 2008

PERDIDA




No se trata del título de una película, o al menos no del título que describe una película de ficción, sino del de que resume la realidad de mi situación personal.
Sé que, en un principio, en este blog me propuse hablar de cine, pero…no siempre cumplimos nuestros objetivos…y como en estos días no he tenido la oportunidad de ver ninguna peli y, debido a que mi cabeza ahora está ocupada pensando en otras cosas, tampoco me viene la inspiración cinéfila, pues he decido escribir de lo que sea, ya que considero que es mejor ser infiel a mis objetivos iniciales que abandonarlos completamente.
Nunca antes había tenido este sentimiento, esta sensación de vacío, de pánico al paso del tiempo. Fue el pasado lunes a hora punta de la mañana cuando me atacó por primera vez. Al ver a toda esa gente moviéndose de un lado para otro a las 8.30 de la mañana, fue cuando un escalofrío de incertidumbre y tristeza recorrió todo mi cuerpo.
Toda aquella gente andando, conduciendo o corriendo tenía algún sitio al que ir, algún jefe esperando impaciente o algún conserje malhumorado a punto de cerrar las puertas justo cuando empieza a sonar el timbre; pero yo ya no. Era lunes por la mañana y no había ningún sitio al que tenía que ir, ni nadie que me esperara. Por primera vez en mi vida lamenté no tener que inventar alguna buena excusa para justificar mi retraso.
Fue la primera vez que me sentí completamente fuera, ajena a aquella masa de gente con estrés y obligaciones. Y esa distancia, ese alejamiento me permitió tomar perspectiva y preguntarme: ¿Por qué tengo la necesidad de sentirme como uno de ellos?
Pero no supe encontrar una respuesta a mi pregunta. Supongo que será por ese miedo a sentirnos diferentes. Tal vez por miedo al vacío, o a sentirnos libres. No encuentro la respuesta exacta, pero soy consciente de que esa sensación surgió en mí de una forma innata, natural, como si de un efecto secundario a un gen hereditario que llevamos dentro se tratara. Siempre ahí, en el interior de nosotros pero que sólo se manifiesta cuando ya no hay nadie que te guíe, que te diga lo que tienes que hacer. Cuando desaparecen los patrones, los modelos a seguir, es entonces, en ese justo momento, cuando tu mente cobra conciencia de la libertad adquirida y tan sumamente anhelada desde siempre; cuando ese efecto secundario crece en ti.
Cómo es ese efecto secundario y qué se siente, ya lo sabéis, ahora únicamente trato de encontrar el antídoto para acabar con él.

Sara G. Cortijo

1 comentarios:

Anonymous Anónimo ha dicho...

Desde muy niños perseguimos la libertad y la independencia y parece que, justo en el momento que se nos otorga, nos quema entre los dedos. Sin embargo, no hay que dejarse asustar porque es lo más grandioso que podemos poseer. La capacidad de ser dueños de nuestras decisiones, de ser responsables de nuestros actos. Sé que, al mismo tiempo, da miedo puesto que mientras que somos dependientes siempre tenemos la posibilidad, en última instancia y, aunque sólo sea en nuestro fuero interno, de descargar nuestras frustraciones sobre otros, en caso de fracaso. Cuando nos encontramos "solos ante el peligro" y esa posibilidad desaparece, sólo podemos confiar en haber aprendido lo suficiente de los errores pasados y en tener las herramientas y la intuición adecuadas para evitar al tan temido fracaso, ya que, en este caso, no habrá ninguna red bajo nuestros pies tras la caída.
Sé que tú posees esa intuición para elegir bien el camino (o los caminos) a seguir en la nueva vida que recién comienzas. Fíate de ella y sé fiel a ti misma. Confío plenamente en que la sombra del fracaso no planea sobre tu cabeza y que, si alguna vez lo hiciera, no te dejarías amilanar por ella. Te espera todo por delante. Y sabes que nunca estarás sola...
http://es.youtube.com/watch?v=RSp_IFH6W2o&feature=related

Besitos

24 de octubre de 2008, 13:25  

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